Europa se enfrenta a una crisis de demencia impulsada por la contaminación atmosférica, advierte un estudio

5 de junio de 2025
por el personal de CSN

Los casos de demencia en Europa podrían duplicarse en 2050 en medio de los crecientes niveles de contaminación del aire, y estudios recientes vinculan los contaminantes con un mayor riesgo; las proyecciones globales sugieren un aumento del 300%, lo que enfatiza la acción política urgente para mejorar la calidad del aire y prevenir el deterioro cognitivo en las poblaciones.

La demencia se reconoce cada vez más como uno de los problemas de salud pública más importantes de Europa, afectando actualmente a más de 9 millones de personas en todo el continente. Esta enfermedad neurodegenerativa progresiva no solo es devastadora para quienes la padecen directamente, sino que también supone una pesada carga para las familias y los cuidadores, con costes anuales de atención que oscilan entre 8,000 y 70,000 euros por persona. Resulta alarmante que las proyecciones sugieran que la prevalencia de la demencia en Europa podría duplicarse para 2050, lo que subraya la apremiante necesidad de una respuesta coordinada por parte de los sistemas de salud, los responsables políticos y las comunidades.

Fundada a principios de la década de 1990, Alzheimer Europe se ha posicionado a la vanguardia en la lucha contra este problema multifacético. Con 41 asociaciones miembro en 36 países, la organización se dedica a promover los derechos, la dignidad y la autonomía de las personas afectadas por la demencia. A medida que crece la demanda de estrategias de atención innovadoras, su misión de cambiar las percepciones y las políticas sigue siendo crucial para fomentar entornos que apoyen a las personas que viven con esta afección.

Estudios recientes de la Comisión Lancet han revelado que hasta un 40% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse eliminando factores de riesgo modificables específicos, como la contaminación atmosférica. El informe de The Lancet de 2020 destaca 12 de estos factores y se hace eco de la creciente preocupación por el impacto de las condiciones ambientales en la salud cognitiva. Cabe destacar que la evidencia clínica vincula cada vez más la exposición prolongada a la contaminación atmosférica con un mayor riesgo de demencia, lo que constituye un argumento convincente para la adopción de medidas urgentes destinadas a mejorar la calidad del aire.

La Agencia Europea del Medio Ambiente informa que, a pesar de las mejoras de los últimos años, aproximadamente el 94 % de los residentes urbanos aún están expuestos a partículas finas que superan los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Esta exposición continua supone graves riesgos para la salud a lo largo de la vida y podría contribuir al deterioro cognitivo observado en muchas poblaciones. Investigaciones recientes indican que los contaminantes del aire, en particular las partículas finas, provocan respuestas inflamatorias que pueden dañar órganos vitales, incluido el cerebro. Si bien los mecanismos biológicos exactos que conducen a la demencia siguen siendo objeto de investigación, se ha establecido una clara asociación, lo que insta a los profesionales sanitarios y a los responsables políticos a actuar con decisión.

Para profundizar en las ramificaciones de la contaminación atmosférica, el proyecto sobre la Contaminación Atmosférica de la Enfermedad de Alzheimer (ADAIR), una iniciativa multinacional financiada a través del Programa Conjunto para la Investigación de Enfermedades Neurodegenerativas, ha buscado esclarecer la conexión entre la calidad del aire y la enfermedad de Alzheimer (EA), responsable de una gran mayoría de los casos de demencia. Los hallazgos preliminares de ADAIR demostraron que la exposición, tanto aguda como crónica, a contaminantes puede alterar significativamente los perfiles de células inmunitarias y los marcadores inflamatorios, lo que respalda la idea de que la inflamación desempeña un papel fundamental en los cambios físicos asociados con el Alzheimer.

La creciente evidencia subraya la necesidad de estrategias integrales que no solo mitiguen el inminente aumento de casos de demencia, sino que también promuevan estilos de vida más saludables a lo largo de la vida. Al invertir en políticas que mejoren la calidad del aire y aborden otros factores de riesgo modificables, los gobiernos pueden desempeñar un papel fundamental en la reducción de la carga futura de la demencia. A medida que nos acercamos al aumento proyectado de casos de demencia —de hasta un 300 % a nivel mundial para 2050—, la necesidad de acciones preventivas unidas se vuelve cada vez más urgente. Es hora de actuar; un aire puro es esencial para una mente despejada.